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lunes, 1 de agosto de 2011

Capítulo 11: La percepción del mundo

Maestría: Desarrollo Cognitivo
Materia: Psicología cognitiva.
Tarea: No. 1
Libro: Historia de la Revolución cognitiva. Capítulo: 11 Autor: H. Gardner.
Título: La percepción del mundo.
Autor: Luis Ricardo Navarro López

INTRODUCCIÓN

            En el capítulo anterior se revisaron los empeños contemporáneos en el campo de la inteligencia artificial, a los que han contribuido la neurociencia y la psicología. Mientras que en este capítulo se presentan a los principales exponentes de la percepción, tendientes a explicar cómo interpretan lo que ven los seres vivos.

Desde hace ya tiempo los estudiosos de la psiquis han intentado explicar los intrincados mecanismos por los cuales la mente reconoce, categoriza, procesa y describe todo lo que ve o está dentro de su entorno, es decir, el ambiente que lo rodea.

Un número importante de investigadores han intentado explicar cómo funciona nuestro sistema nervioso central y como es que logra crear este ente denominado conciencia que hace que una persona interprete de forma diferente su entorno de otra que está en el mismo ambiente al mismo tiempo. Todos los cerebros son iguales ya que poseen las mismas partes anatómicas y funcionales como es entonces que funciona la percepción en los seres vivos.

            En este mar de concepciones, definiciones, debates y propuestas acerca de la percepción un lugar central es ocupado por la labor precursora de David Marr y sus colaboradores, así como las críticas formuladas por J. J. Gibson y otros creyentes en la percepción directa. Por un lado Marr un cognitivista lírico sin planearlo estudiaba este fenómeno desde un punto de vista interdisciplinario, viendo la facilidad de poner a varias ciencias en el campo de la explicación de un fenómeno desde un punto de vista más mecanicista y por otro lado Gibson empeñado a dirigir su atención a la relación entre la información contenida en la naturaleza y los fenómenos psíquicos. Dos gigantes del cognitivismo de los cuales hace referencia Gardner.
CONTENIDO

            Comúnmente la reflexión filosófica se inicia en torno de la percepción del mundo externo. El observador ingenuo es sorprendido por el mundo de objetos que puede contemplar, en la medida en que tengan los ojos abiertos y haya suficiente luz. Esos objetos se desplazan en el espacio, también nosotros podemos desplazarnos y son embargo, continuamos viendo un mundo organizado y estable. Podemos contemplar sus formas y colores, tal vez sólo al percibirlos como parte de un objeto, o tal vez con anterioridad a los objetos mismos, o en lugar de éstos. Y la mayoría de nosotros creemos que podemos también percibir en ausencia de todo objeto, confinado en nuestros recuerdos o imágenes psíquicas, o en el poder de nuestra imaginación.

            La mayoría de los psicólogos iniciaron sus reflexiones interesándose por la percepción, tema en el cual se ha progresado mucho más claramente que en el esclarecimiento de otros procesos psíquicos. La creencia de que el estímulo en sí no posee información precisa suficiente, y en consecuencia gran parte de la percepción depende de las inferencias inconscientes  acerca de las situaciones o escenas observadas; la réplica de J. J. Gibson, según la cual los sentidos pueden tomar directamente del medio le información necesaria, contraria a las afirmaciones de Marr fueron motivo de un intenso debate.

La obra de David Marr: estudio neurofisiología en Cambridge (Inglaterra), su primer trabajo académico fue una monografía acerca del funcionamiento del cerebro (Marr, 1969), en donde describe una teoría detallada acerca del funcionamiento de la corteza cerebral explicando como el cerebro aprende a mejorar al rendimiento de las habilidades motoras. Además de este primer trabajo dedico el resto de su vida a explicar los procesos mecánico-funcionales de la percepción, es decir, que interviene en la observación, categorización, evaluación y descripción de un objeto sin llegar a la racionalización del mismo (Marr, 1970, 1971, 1974, 1975, 1976a, 1976b, 1977a, 1977b, 1978, 1979, 1980, 1981, 1982a, 1982b).

            Un elemento fundamental era la creencia de que la visión se construye gracias a las descripciones simbólicas eficaces de las imágenes que el sujeto encuentra en el mundo. Marr sostenía, que para obtener una descripción tal, no basta con la comprensión lograda en un solo plano de análisis. Deben describirse las respuestas de las células neurales, predecir los resultados de experimentos psicofísicos y preparar programas de computadoras que puedan analizar e interpretar del modo deseado los datos visuales de entrada (Marr, 1982a).

            En lo tocante a los procesos visuales, el problema análogo consiste en deducir las propiedades del mundo a partir de sus imágenes. El segundo nivel de análisis implica seleccionar una representación para los datos de entrada y de salida del mismo; y establecer un algoritmo mediante el cual pueda realmente ponerse en práctica la transformación. Marr y sus colegas establecieron un elegante conjunto de procedimientos para computar la visión estereoscópica, pero luego resultó que este no guardaba semejanza con los procesos que aparentemente utiliza el cerebro.

            Marr advirtió que no debía centrarse exclusivamente la atención en la naturaleza de los procesos cerebrales; ni siquiera el conocimiento total de la anatomía y la fisiología, sostuvo, permitirían comprender porque las neuronas poseen campos receptivos. Para entender como cumplen realmente su tarea las neuronas del sistema óptico hay que apoyarse en los principios matemáticos, que involucran la interpretación de imágenes. Pero ahora Marr sabía que ninguna disciplina por sí sola, podía desentrañar los misterios de la percepción; era un cognitivista cabal.

            Marr y sus colegas se aplicaron a elucidar los procedimientos que gobiernan el procesamiento individual de imágenes visuales ya fueran instrumentadas por una máquina o por algún organismo. Su objetivo era explicar de qué manera nuestro cerebro llega a computar aproximadamente las mismas representaciones simbólicas, a partir de variaciones lumínicas iniciales.



La obra de J. J. Gibson: según Gibson (1950, 1966, 1979), los organismos están conformados de modo tal, y viven en un mundo conformado de modo tal, que adquieren sin dificultades la información que necesitan para sobrevivir.  Gibson menciono “estoy persuadido de que la invariancia proviene de la realidad, y no a la inversa. La invariancia de la organización óptica del ambiente a lo largo del tiempo no es construida o deducida por el sujeto: está allí para que el la descubra”.

            La información está allí en el mundo, disponible, y sólo es menester recogerla; no hay que operar sobre ella ni procesarla; tampoco es menester basarse en ningún conocimiento anterior, ni en modelos mentales o esquemas interpretativos (Gibson, 1967). Todos los problemas de la psicología de la percepción podrían ser satisfactoriamente dilucidados con tal que los investigadores entendieran de que manera las personas atienden a lo que esta ante sus ojos.

            En las palabras del propio Marr, Gibson formuló el interrogante decisivo: ¿Cómo se obtienen percepciones constantes en la vida cotidiana, sobre la base de sensaciones que cambian permanentemente?, esta es la pregunta exacta que corresponde hacer, y ella nos muestra que Gibson estaba en lo cierto al decir que el problema de la percepción consistía en recobrar, a partir de la información sensorial, las propiedades “válidas” del mundo externo (Marr, 1982).

            A fin de responder al desafío planteado por Gibson y sus epígonos, la comunidad de la ciencia cognitiva tuvo que desplegar toda su artillería. Shimon Ullman, un colega de David Marr, emprendió un ataque contra la “percepción directa” defendida por Gibson, apuntando que la percepción directa de la información, por lo cual se afanaba, solo tendría justificativo si la información perceptual no pudiera descomponerse en sus elementos; pero los estudios computacionales y psicofísicos habían demostrado ampliamente que es posible efectuar esa descomposición en unidades constitutivas más simples y operaciones más elementales, otros aspectos de la percepción no se producen de modo directo sino que abarcan descripciones estructurales previas, sobre las cuales pueden operar los mecanismos perceptivos. Y al llegar el reconocimiento del objeto, nos topamos con un proceso mediado por el conocimiento y las creencias anteriores del sujeto, y que en modo alguno puede ser llevado a cabo directamente por los detectores.

Ullman pone en tela de juicio las afirmaciones de Gibson en dos frentes. En primer lugar, sostiene que mucho puede aprenderse estudiando la percepción en sus fases y partes componentes: así pues, un enfoque que vaya de lo particular a lo general es útil. En segundo lugar, insiste en la importancia de un análisis que tome en cuenta las representaciones simbólicas internas; es simplemente imposible establecer un modelo o descripción de la mecánica de la percepción si no se  lo hace con un enfoque científico cognitivo de esa índole.

Más frontal aun fue el ataque dirigido por Jerry Fodor y Zenon Pylyshyn, estos dos autores toman como blanco predilecto de su ataque la idea central en el planteamiento de Gibson, de que los objetos poseen propiedades o “facilitaciones” resonantes con las necesidades o metas de los organismos, y en consecuencia estos últimos las “recogen” o responden fácilmente a ellas. Estos autores concluyen que la explicación que ofrece Gibson acerca del modo en que los organismos manejan los objetos carece de toda significación teórica. En otro lugar donde Fodor declara: “la categoría facilitación me parece un puro engaño, una tentativa de sacar provecho de la intencionalidad sin pagar precio alguno por ello, no basta con percibir directamente que una piedra puede utilizarse como arma (porque es “asible” y “arrojable”): necesitamos saber si la captación de esa propiedad se produce sin inferencias. Frente al sujeto percipiente no hay información “neutral”: o bien la información está en el mundo pero él no tiene acceso a ella, o bien es interpretada por el sujeto y en consecuencia ya no puede considerársele neutral. Lo acuciante para el cognitivista es comprender las consideraciones empíricas pertinentes para decidir a cuáles propiedades de la luz el sujeto atiende interpreta y luego sobre esa base actúa.

Fodor y Pylyshyn (1981) llegan a la conclusión de que se necesita una descripción independiente del significado de una representación, como lo exige la especificación de una propiedad, como lo requiere Gibson. El primer problema es viable, ya que el significado de una representación puede quizás reconstruirse por referencia a su función; mientras que Gibson no da pista alguna sobre el modo de establecer una propiedad, ni explica de qué manera una configuración luminosa puede especificar jamás esas propiedades interpretadas. Así pues, donde se esperaría una esperanza, pero solo nos ofrece un callejón sin salida.

CONCLUSIÓN

            Los trabajos de Marr en general se inclinan por un análisis de las imágenes que va de lo particular a lo general. El sistema perceptual, en lugar de comenzar por forjar hipótesis acerca de lo que tiene delante, consiste en numerosos mecanismos computacionales destinados a llevar a cabo análisis específicos, con independencia de todo conocimiento del mundo real o de cualquier interacción entre los diversos mecanismos. De hecho, Marr sostiene que hay módulos separados para computar aspectos de la información visual como el movimiento, la estereoscopía y el color, y que cada módulo opera según sus propios principios y mantiene escasa interacción con los demás, si es que alguna mantiene. Marr procuró postergar la incorporación de conocimientos acerca de los posibles objetos y escenas dentro del procesamiento de la información visual; porque una vez que se empieza a incorporar tales conocimientos, de la especie presuntamente utilizada por los seres humanos para interpretar escenas, el proceso del modelamiento se vuelve mucho más complejo, Marr declaró que en estos niveles superiores empezamos a enfrentarnos con todos los problemas que enfrentan los lingüistas.

            Los teóricos de la escuela ecológica, como Gibson, procura extender lo más posible la aplicación de la ley natural, ya que esta estrategia permite establecer límites estrictos y explicar la evolución, acorde a la ley, de las inferencias basadas en principios científicos. Por el contrario, los partidarios de la posición del establecimiento, como Fodor y Pylyshyn, quieren extender lo más posible los alcances de la cognición y la inteligencia, limitando así el papel de la ley natural. En tal caso las regularidades serían explicadas por las reglas y representaciones mentales, que en sí mismas estarían sujetas a muy pocas limitaciones salvo las intuiciones asistemáticas.

            A juicio del autor los Gibsonianos son los responsables de presentar la prueba de la teoría que defienden, pero si Marr está en lo cierto, y es posible dar cuenta de la percepción de los objetos casi sin recurrir al conocimiento del mundo exterior, no por ello deja de ser evidente que el reconocimiento de objetos o de grupos de objetos es sólo el comienzo de la tarea cognitiva. Todo estudioso de la cognición debe ocuparse de lo que acontece con estas percepciones iniciales cuando se las aplica a la planificación, a la resolución de problemas o a la mera rememoración: debe inquirir como determinan los organismos la identidad de los objetos, como los clasifican y como razonan acerca de ellos.
REFERENCIAS
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